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ЖАНРЫ

Cetaganda (на испанском)
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De pronto, la procesiуn se detuvo y empezу a amontonarse en el umbral de arcos anchos. Desde la rotonda, adelante, en lugar de mъsica tranquila y pasos callados empezу a surgir un rumor de conversaciones. Las voces se elevaron en sorpresa aguda, luego otras voces emitieron уrdenes tajantes.

— Quй pasa? — se preguntу Ivбn, estirando el cuello-. Se ha desmayado alguien o quй?

Como Miles no alcanzaba a ver por encima de los hombros del hombre que tenнa adelante, no podнa contestar a esa pregunta. Con una sacudida, la fila empezу a caminar de nuevo y llegу a la rotonda, pero luego se desviу hacia una puerta. Un ghemcomandante estaba de pie en la intersecciуn, dirigiendo el trбnsito con instrucciones en voz baja, instrucciones que repetнa una y otra vez:

— Por favor, conserven sus regalos y sigan hacia el camino exterior y el Pabellуn del Este; por favor, conserven sus presentes y sigan directamente hacia el Pabellуn del Este; volveremos a empezar enseguida; por favor…

En el centro de la rotonda, por encima de las cabezas de la multitud, estaba el gran catafalco de la emperatriz viuda. Los ojos de los extranjeros no tenнan derecho a mirarla ni siquiera muerta. Su fйretro estaba rodeado por una burbuja de campo de fuerza translъcida; lo ъnico que se veнa era una vaga silueta femenina, como a travйs de una gasa: un fantasma intangible, dormido, envuelto en blanco. Habнa un grupo de ghemguardias de distinto rango de pie en una lнnea que iba desde la pared al catafalco. Daba la impresiуn de que estaban ocultando algo a la multitud que pasaba.

Miles no podнa permitirlo. Despuйs de todo, no me pueden asesinar aquн delante de todos, verdad? Arrojу la caja a Ivan y se agachу bajo el codo del ghemoficial que trataba de orientarlos hacia la puerta de la izquierda. Con una sonrisa de compromiso, las manos abiertas y levantadas, se deslizу entre dos de los guardias, que claramente no esperaban un movimiento tan irrespetuoso y trasgresor.

Al otro lado del fйretro, en el lugar reservado para el primer regalo del hautlord de estatus mбs elevado, habнa un cadбver. Tenнa una herida en el cuello. Una gran cantidad de sangre roja y lнquida formaba cнrculos y lagunas sobre el suelo brillante de malaquita verde, humedeciendo el uniforme gris y blanco de criado de palacio. La mano derecha de… del ser aferraba con firmeza un cuchillo enjoyado y afilado. Y sн, era un ser distinto, neutro, ni femenino ni masculino, a pesar de su forma de hombre anciano pero no frбgil… A pesar de que ahora no tenнa pelo, Miles reconociу al intruso del vehivaina. Le pareciу que el corazуn se le detenнa en el pecho.

Alguien acaba de subir las apuestas en este jueguecito.

El ghemoficial de mayor rango de la habitaciуn estaba girando a su alrededor. A pesar de que el maquillaje facial convertнa la expresiуn de ese hombre en una mбscara, tenнa la sonrisa dura, la mirada de quien se ve obligado a mostrarse amable con una persona a quien preferirнa aporrear contra el suelo.

— Lord Vorkosigan, podrнa usted volver a su puesto, por favor?

— Sн, claro, claro… Quiйn era ese pobre tipo?

El ghemcomandante lo azuzу hacia la fila de delegados con movimientos de cabeza — no era tonto y, por supuesto, no lo tocу— y Miles se dejу guiar en la direcciуn correcta. Agradecido, airado y ruborizado, el hombre estaba tan confundido que le contestу sin darse cuenta:

— Es Ba Lura, del mбs alto rango de servidores de la Seсora Celestial. La sirviу durante mбs de sesenta aсos… Por lo visto quiso seguirla y servirla tambiйn en la muerte. Un gesto desmesurado, falto de tacto… hacerlo aquн… — El ghemcomandante llevу a Miles cerca de la lнnea de delegados, detenida otra vez, como para que el largo brazo de Ivan lo alcanzara y lo empujara hacia la lнnea y la puerta con un puсo firme en la mitad de la espalda.

— Quй diablos estб pasando aquн? — siseу con la cabeza inclinada hacia Miles, desde atrбs.

Y dуnde estaba usted cuando ocurriу el asesinato, lord Vorkosigan? Excepto que no parecнa un asesinato, realmente parecнa un suicidio. Un suicidio algo tosco. Y cometido hacнa menos de treinta minutos. Calculу que se habнa producido mientras йl hablaba con la misteriosa burbuja blanca, que tal vez era haut Rian Degtiar, o tal vez no. Cуmo podнa saberlo desde fuera? El corredor parecнa dar vueltas ante sus ojos, pero Miles supuso que eran sуlo imaginaciones suyas.

— No deberнa usted haberse salido de la fila, milord — lo reprendiу Vorob'yev con severidad-. Ah… ha descubierto algo?

Miles empezу a sonreнrse, pero se contuvo.

— Uno de los sirvientes de la fallecida emperatriz viuda, un ba, se acaba de degollar a los pies del fйretro. No sй si entre los cetagandanos son habituales este tipo de sacrificios humanos. No me refiero a nada oficial, por supuesto…

Los labios de Vorob'yev se curvaron en un silbido silencioso, luego esbozу una sonrisa instantбnea que desapareciу enseguida.

— Quй embarazoso para ellos… — ronroneу-. Van a tener que esforzarse bastante para salvar esta ceremonia del desastre. Interesante…

Sн. Y si esa criatura era tan fiel, por quй decidiу hacer algo tan embarazoso para sus amos? Sin duda sabнa que iba a ser todo un problema… Venganza pуstuma? Sin duda es la manera mбs segura de vengarse en el caso de los cetagandanos… eso tengo que admitirlo.

Para cuando finalizу la interminable caminata alrededor de las torres centrales hasta el Pabellуn del Este, las piernas de Miles lo estaban matando. En un vestнbulo enorme, los cientos de delegados de la galaxia se acomodaron ante varias mesas, guiados por un ejйrcito de servidores, que se movнa un poquito mбs rбpido de lo que hubiera exigido la dignidad mбs correcta. Como algunos de los presentes funerarios que traнan los otros delegados eran todavнa mбs grandes que la caja de madera de alerce de Barrayar, el proceso de sentarse se prolongу y fue mucho mбs incуmodo y difнcil que lo esperado. Hubo mucha gente que se puso de pie de nuevo para volver a acomodarse, lo cual evidentemente desesperaba a los servidores. En algъn lugar de las entraсas mбs profundas del edificio, Miles se imaginу a un escuadrуn de cocineros sudorosos de Cetaganda con la boca llena de insultos coloridos y obscenos en su propio idioma.

Miles vio a la delegaciуn vervani bastante mбs lejos, en otra mesa. Aprovechу la confusiуn para alejarse de la silla asignada, dar vuelta alrededor de varias mesas y tratar de hablar con Mia Maz.

Se puso de pie a su lado y sonriу, nervioso:

— Buenas tardes, milady Maz. Tengo que hablar…

— ЎLord Vorkosigan! Tratй de ponerme en contacto con usted… — Redujeron al mнnimo los saludos.

— Usted primero. — Se acercу para oнrla mejor.

— Tratй de llamarlo a la embajada, pero usted ya habнa salido. Quй diablos pasу en esa rotonda? Lo sabe usted? Que los cetagandanos alteren una ceremonia de esta magnitud en plena… Inaudito.

— No tuvieron mбs remedio. Bueno, supongo que podнan haber ignorado el cadбver y seguir dando vueltas alrededor del muerto. Personalmente, opino que hubiera sido mucho mбs impresionante, pero evidentemente decidieron limpiar primero. — Miles repitiу lo que ya empezaba a calificar como «versiуn oficial» del suicidio de Ba Lura. Todos los que alcanzaban a oнr sus palabras prestaban la mбxima atenciуn. Y bueno, los rumores se difundirнan muy pronto, no dependнa de йl detenerlos despuйs de todo-. Tuvo usted йxito en la bъsqueda que le encarguй anoche? — siguiу diciendo Miles-. Yo… no creo que йste sea el lugar, ni el momento para discutirlo, pero…

— Sн. Y sн — dijo Maz.

Ni siquiera en una transmisiуn de holovideo en un canal de este planeta, pensу Miles. Aunque juren que es un canal seguro.

— Podrнa usted venir a la embajada de Barrayar? A tomar… un tй, o algo… Cuando terminemos aquн.

— Creo que eso serнa muy apropiado — asintiу Maz. Le dirigiу una intensa mirada llena de curiosidad.

— Necesito que me dй clases de etiqueta — agregу Miles, pensando en los vecinos curiosos.

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