Cetaganda (на испанском)
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El surco que tenнa la mujer en la frente se hizo mбs profundo. Pero lo ъnico que dijo fue:
— Transmitirй sus palabras a mi seсora, lord Vorkosigan.
Miles hizo un gesto de despedida, bendiciйndola por haberle evitado una conversaciуn mбs larga y compleja. Cuando volviу la vista atrбs, ella ya se habнa puesto de pie y se alejaba rбpidamente.
11
Miles aъn no habнa pisado el sagrado recinto de las oficinas de SegImp en la embajada de Barrayar. Por discreciуn, se habнa quedado arriba, en la zona destinada al cuerpo diplomбtico. Como habнa supuesto, las oficinas estaban en el segundo sуtano, el nivel mбs bajo del edificio. Un cabo uniformado lo rastreу con aparatos de seguridad y lo guiу hasta la oficina del coronel Vorreedi.
No era tan austera como Miles habнa esperado: estaba decorada con pequeсas piezas de arte cetagandano; las esculturas que utilizaban energнa estaban apagadas. Tal vez algunas eran recuerdos, pero el resto sugerнa que el oficial de protocolo como lo llamaban oficialmente era un coleccionista de gusto excelente y medios limitados.
El hombre estaba sentado ante una mesa desnuda y utilitaria. Llevaba las habituales tъnicas y la malla que correspondнan a un ghemlord de rango medio y preferencias dolorosamente sobrias. En una multitud de ghem, Vorreedi pasarнa prбcticamente desapercibido, aunque detrбs de una comuconsola de SegImp de Barrayar el efecto del conjunto resultaba ligeramente sorprendente.
Miles se humedeciу los labios.
— Buenos dнas, seсor. El embajador Vorob'yev me dijo que deseaba usted verme.
— Sн, gracias, lord Vorkosigan. — Vorreedi despidiу al cabo con un gesto y el hombre se alejу en silencio. Las puertas se cerraron tras йl con un golpe pesado y definitivo-. Por favor, siйntese.
Miles se acomodу en la silla que habнa ante el escritorio y sonriу; esperaba que la sonrisa hubiera sugerido un gesto de alegre inocencia. Vorreedi lo miraba con atenciуn penetrante, directa, constante. Mala seсal. Vorreedi era el segundo a bordo; sуlo Vorob'yev lo aventajaba en rango. Como a Vorob'yev, lo habнan elegido como jefe en uno de los puestos mбs conflictivos del cuerpo diplomбtico de Barrayar. Tal vez se podнa contar con que fuera un hombre muy ocupado, pero nunca con que fuera estъpido. Miles se preguntу si las meditaciones del jefe de SegImp habнan sido tan intensas como las suyas la noche anterior. Se preparу para un comienzo al estilo Illyan; por ejemplo: En quй diablos estб metido usted, Vorkosigan? Estб tratando de provocar una jodida guerra usted solo?
En lugar de eso, el coronel Vorreedi lo favoreciу con una mirada pensativa, larga, antes de decir en tono tranquilo:
— Teniente lord Vorkosigan. Por nombramiento, usted es correo oficial de SegImp.
— Sн, seсor, cuando estoy de servicio.
— Interesante raza de hombres, los correos. De absoluta confianza y lealtad. Van de un lado a otro, llevan lo que les piden sin comentarios ni preguntas. Y sin fracasar jamбs, a menos que se les cruce la muerte en el camino.
— Generalmente no es tan dramбtico, seсor. Pasamos mucho tiempo en naves de salto. Tenemos mucho tiempo para leer.
— Mmmm. Y excepto en un caso, estos glorificados correos dependen del comodoro Boothe, jefe de Comunicaciones de SegImp, en Komarr. La excepciуn es interesante. — La mirada de Vorreedi se intensificу-. Usted aparece en la lista como subordinado de Simon Illyan en persona. Que a su vez depende directamente del emperador Gregor. La ъnica persona que conozco en una cadena de mando tan corta es el jefe de Personal del Servicio Imperial. Una situaciуn reveladora. Cуmo la explica usted?
— Que cуmo la explico yo? — repitiу Miles, tratando de ganar tiempo. Pensу en contestar Yo nunca explico nada, pero eso 1) era evidente y 2) claramente no era la respuesta esperada-. Bueno… en ocasiones, el emperador Gregor tiene alguna necesidad que resulta demasiado trivial, o demasiado personal, para confiarla a los militares de carrera. Por ejemplo, digamos que quiere… que le traigan un arbusto ornamental del planeta Pol para el jardнn de la Residencia Imperial. Entonces, me mandan a mн.
— Esa es una buena explicaciуn — aceptу Vorreedi sin presionar. Se produjo un corto silencio-. Y podrнa darme una explicaciуn igualmente satisfactoria para la forma en que ha obtenido usted un trabajo tan agradable?
— Nepotismo, por supuesto. — La sonrisa de Miles se hizo mбs corta y mбs amarga—. Como ya habrб descubierto a simple vista, no soy fнsicamente apto para el servicio habitual. Crearon el puesto especialmente para mн. Tengo parientes…
— Mmmm. — Vorreedi se sentу y se frotу el mentуn. — Digamos — aсadiу en tono intrascendente— que usted es un agente de operaciones secretas y ha venido en una misiуn diseсada por Dios (es decir, Simon Illyan, Dios para el personal de SegImp), en ese caso, deberнa haber llegado con una orden del tipo Prйstesele toda la asistencia necesaria. Con esa orden, un pobre hombre de la oficina local de SegImp podrнa saber cuбl es su posiciуn con respecto a usted.
Si no controlo a este tipo, me va a encerrar en la embajada por el resto del viaje (podrнa hacerlo, tiene poder suficiente) y el plan barroco de caos de lord X seguirб adelante sin obstбculos ni problemas.
— Sн, seсor. — Miles respirу hondo-. Y todos los que vieran la orden tambiйn.
Vorreedi levantу la vista, asustado.
— El comando de SegImp sospecha que hay filtraciones en mis comunicaciones?
— No tengo informaciуn al respecto, seсor. Supongo que no. Pero como correo inferior… no puedo hacer demasiadas preguntas, comprende?
Vorreedi abriу un poco mбs los ojos. Entendнa la broma. Un hombre sutil, sн.
— He sabido que, desde el mismo instante en que puso un pie en Eta Ceta, lord Vorkosigan, no ha dejado usted de hacer preguntas.
— Una debilidad personal, seсor.
— Y… tiene alguna prueba que apoye su explicaciуn de sн mismo?
— Claro. — Miles mirу al aire, pensativo, como si estuviera sacando las palabras de la parte mбs leve de la atmуsfera-. Piйnselo, seсor. A todos los demбs oficiales de correo se les implanta alergia a la pentarrбpida para que no puedan someterlos a interrogatorios y preguntas ilegales. El precio, claro, es fatal. Debido a mi rango y mis relaciones particulares, se decidiу que ese procedimiento era demasiado peligroso para mн. Por lo tanto, sуlo pueden destinarme a las misiones de seguridad de nivel mбs bajo. Nepotismo, ya se lo he dicho.
— Muy… muy convincente.
— Si no fuera convincente, no servirнa, seсor.
— Cierto. — Otra larga pausa-. Hay alguna otra cosa que quiera usted decirme, teniente?
— Cuando vuelva a Barrayar presentarй un informe completo de mi… mi excursiуn a Simon Illyan. Me temo que deberб dirigir las preguntas a mi superior. Definitivamente, no estб dentro de mis atribuciones tratar de adivinar lo que йl quiere que yo le diga.
Ahн estaba… listo. Tйcnicamente hablando, no habнa mentido. Ni siquiera por implicaciуn. Sн… claro… Tienes que acordarte de lo que has dicho cuando pasen una transcripciуn de esta conversaciуn en el consejo de guerra. Pero si Vorreedi decidнa que Miles era un agente de operaciones secretas que trabajaba en los niveles mбs altos, no dejaba de ser cierto. El hecho de que la misiуn fuera autodesignada y no decidida en un nivel superior era… otro aspecto del problema. Una cosa nada tenla que ver con la otra.
— Podrнa… podrнa agregar una observaciуn filosуfica…
— Por favor, milord.
— Si se contrata a un genio para resolver un problema imposible, serнa una tonterнa limitarlo con reglas o bien ordenarle que se limite a investigar en el corto espacio de dos semanas de tiempo… Lo lуgico es dejar que actъe a su antojo. Si lo que hace falta es alguien que siga las reglas, siempre se puede contratar a un idiota. En realidad, el idiota serб mucho mбs capaz de seguir las reglas que un genio.
Vorreedi tamborileу sobre el escritorio de la comuconsola. Miles tuvo la sensaciуn de que tal vez ese hombre habнa resuelto uno o dos problemas imposibles en su vida. Vorreedi alzу las cejas.
— Usted se considera un genio, lord Vorkosigan? — preguntу con suavidad. Para Miles aquel tono de voz resultaba casi doloroso: le recordу muchнsimo el que empleaba su padre cuando estaba a punto de soltar una de sus trampas verbales.
— Las evaluaciones de mi inteligencia estбn en mi expediente, seсor.