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ЖАНРЫ

Cetaganda (на испанском)
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Seguramente algъn movimiento de los barrayareses llamу la atenciуn de la mujer, porque volviу la cabeza hacia ellos. Durante un segundo, un segundo apenas, los sorprendentes ojos color canela adquirieron la tonalidad metбlica del cobre en una expresiуn de rabia tan absoluta que el estуmago de Miles se cerrу en un puсo. Despuйs el rostro se sumiу sъbitamente en un hautismo tan suave y vacнo como la inexistente burbuja, e igualmente poderoso y agresivo; la emociуn abierta desapareciу con tanta rapidez que Miles ni siquiera supo si los otros dos hombres la habнan percibido. Pero la mirada de furia no habнa sido para ellos; estaba en la cara antes de que ella se volviera, antes de que pudiera identificar a los barrayareses, vestidos de negro, entre las sombras.

Ivan abriу la boca. Por favor, no, no, pensу Miles, pero Ivan tenнa que intentarlo.

— Buenas noches, milady. Bonita vista, verdad?

Ella dudу un momento muy largo — Miles se la imaginу en un gesto de huida-, pero despuйs contestу en una voz grave, perfectamente modulada:

— No hay nada comparable en todo el universo.

Ivan, alentado, sonriу y se aproximу.

— Permнtame presentarme. Soy lord Ivan Vorpatril, de Barrayar… Y… йl… es el embajador Vorob'yev, y йl, mi primo, lord Miles Vorkosigan. Hijo de… ya sabe…

Miles hizo una mueca y se encogiу. Contemplar el tartamudeo de Ivan en un momento de pбnico sexual hubiera sido divertido en otras circunstancias, pero en йsas era tan terriblemente embarazoso que ya no le resultaba gracioso. Le recordaba demasiado a… sн mismo. Fui tan estъpido la primera vez que vi a Rian? Le daba miedo pensar en la respuesta: seguramente era un sн.

— Sн — dijo la haut Vio-. Lo sй. — Miles habнa visto a alguna gente hablando a las plantas con mбs amabilidad…

Basta, Ivan, deseу Miles en silencio. El marido de esta mujer es el primer oficial del hombre que tal vez tratу de matarnos ayer, recuerdas? A menos que lord X fuera el prнncipe Slyke despuйs de todo… o el haut Rond o… Miles apretу los dientes.

Pero antes de que Ivan pudiera hundirse todavнa mбs en sus palabras, apareciу por el sendero un hombre ataviado con el uniforme militar cetagandano. El maquillaje facial acentuaba los rasgos marcбndole el ceсo fruncido. El ghemgeneral Chilian. Miles se quedу frнo, pasу la mano por el brazo de Ivan y lo apretу con fuerza como advertencia.

La mirada de Chillan se deslizу un momento sobre los barrayareses con un gesto de sospecha.

— Haut Vio — se dirigiу a su esposa-. Acompбсame, por favor.

— Sн, milord — dijo ella, bajу las pestaсas y escapу alrededor de Ivan con un breve gesto como despedida. Chilian se obligу a hacer el gesto que reconocнa la existencia de los forasteros; con esfuerzo, le pareciу a Miles. El general mirу otra vez por encima del hombro mientras se llevaba a su esposa. Quй pecado habrнa cometido el ghemgeneral Chilian para merecerla a ella?

— Un tipo con suerte — suspirу Ivan con envidia.

— No estoy tan seguro… — dijo Miles.

El embajador Vorob'yev se limitу a sonreнr con amargura.

Siguieron paseando. Miles tenнa en la cabeza un torbellino de ideas. El encuentro con Chilian, era casual? O se trataba de otra trampa? Lord X usaba sus herramientas humanas como pinzas, y asн mantenнa el peligro a raya. Seguramente el ghemgeneral y su esposa estaban demasiado cerca, la conexiуn era demasiado obvia. A menos, claro estб, que lord X no fuera Kety…

Un brillo en el centro del camino captу la atenciуn de Miles. Una hautburbuja se acercaba por el sendero rodeado de verde. Vorob'yev e Ivan se apartaron para dejarla pasar, pero la burbuja se detuvo frente a Miles.

— Lord Vorkosigan. — La voz de la mujer era melodiosa a pesar del filtro, pero no era la de Rian—. Puedo hablar con usted en privado?

— Claro que sн — dijo Miles antes de que Vorob'yev pudiera objetar algo-. Dуnde? — La tensiуn le sacudiу el cuerpo. El asalto final al nuevo objetivo, la nave del gobernador Ilsum Kety, serнa esa noche? Demasiado prematuro, demasiado incierto-. Cuбnto tiempo necesitamos?

— No es lejos, milord. Una hora, mбs o menos.

No era suficiente para un viaje a la уrbita; entonces se trataba de otra cosa.

— Muy bien. Caballeros, me disculpan?

La mirada de Vorob'yev era tan desdichada como le permitнa su autocontrol habitual.

— Lord Vorkosigan… — En realidad, las dudas del embajador eran una buena seсal; seguramente habнa mantenido una larga conversaciуn con Vorreedi-. Desea usted un guardia?

— No.

— Un comu?

— No.

— Tendrб usted cuidado? — Una diplomбtica manera de decir Estб seguro de que sabe en quй se estб metiendo?

— Sн, sн, claro, seсor.

— Y quй hacemos si no vuelves dentro de una hora? — dijo Ivan.

— Esperar. — Miles les dirigiу un gesto cordial y siguiу a la burbuja por el sendero del jardнn.

Cuando doblaron otro recodo hacia un rincуn privado, iluminado por luces de colores y escondido detrбs de un bosquecillo de arbustos llenos de flores, la burbuja rotу y desapareciу repentinamente. Miles se encontrу frente a otra belleza de blanco, sentada sobre la silla-flotante como en un trono. El cabello de esa mujer era de color rubio miel, y lo llevaba levantado alrededor de los hombros en un complejo peinado. Miles le calculу unos cuarenta y tantos aсos, lo cual significaba que probablemente tenнa el doble.

— La haut Rian Degtiar me dio instrucciones — afirmу ella. Moviу la ropa a la izquierda de la silla, descubriendo un apoyabrazos muy bien acolchonado-. No tenemos mucho tiempo. — Su mirada pareciу medir el peso de Miles, o tal vez su baja estatura-. Puede usted… bueno… subirse aquн para el viaje…

— Quй… quй fascinante… — Ah, si ella hubiera sido Rian… Pero por lo menos, el viaje servirнa para comprobar alguna teorнa sobre las capacidades mecбnicas de las hautburbujas…-. Eh… identificaciуn, milady? — agregу йl, como disculpбndose. La ъltima persona que habнa hecho ese tipo de viaje (por lo menos, en teorнa) habнa terminado en el suelo con el cuello cortado.

Ella asintiу como si hubiera estado esperando esa reacciуn y abriу la palma de la mano para mostrarle el anillo del Criadero Estrella.

Bueno, dadas las circunstancias, eso era lo mбs parecido a una identificaciуn a que podнa aspirar… Miles se acercу con cuidado, subiу a bordo y se aferrу a la parte trasera de la silla para mantener el equilibrio. Los dos trataban de mantenerse separados. La mano de dedos largos de la haut tocу el panel de control incrustado en el apoyabrazos derecho y el campo de fuerza volviу a conectarse. La luz pбlida y blanca reflejaba los arbustos floridos, destacaba los colores e iluminaba el camino frente a ellos.

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