Чтение онлайн

ЖАНРЫ

90 millas hasta el parai?so
Шрифт:

– En este caso no te diferenciar'as en nada del dictador Machado y te derrocar'an tambi'en – expres'o su opini'on Sam Giancana.

– No te olvides que Machado en el a~no 1933 huy'o a las Bahamas justamente gracias a nuestro amigo Fulgencio – le hizo recordar Lansky, satisfaciendo as'i a Batista y a~nadi'o – Est'a bien, te haremos presidente y te regalaremos este lujoso hotel “Nacional”. Pero recuerda que hemos gastado y a'un gastaremos aqu'i cantidad de dinero. Hay que decir que de manera argumentada exigiremos la protecci'on de nuestras inversiones en tales proyectos.

– El ej'ercito de Cuba est'a a vuestra disposici'on – como si hubiera dado parte Fulgencio conmovido.

– Y a tu disposici'on tienes a la “Cosa Nostra” – se sonri'o Sam. Esa r'eplica ven'ia oliendo a intimidaci'on. Pero Batista no tem'ia enfrentarse a la responsabilidad. 'El sabr'a c'omo ganarse los favores y ante la mafia, y ante la CIA, cuando reciba el poder ilimitado sobre su propio pueblo. Estaba dispuesto a santificar su juramento de lealtad a los que donan el poder con sangre. No con la suya, sino del altar de sacrificios humanos. Sus antepasados, indios de la tribu siboney, hall'andose en un estado de 'extasis religioso, no registraban cu'antos ser'ian los sacrificados que deber'ian satisfacer a sus 'idolos.

– !Capo, aqu'i hay alguien! – uno de los guardaespaldas inform'o eso al jefe. Giancana se apart'o bruscamente de los arbustos, donde vio en ese lugar una visible agitaci'on. Otros dos guardias ya hab'ian sacado sus rev'olveres para rechazar el ataque y proteger a Lansky y Giancana. Fulgencio tambi'en sac'o de la ca~nonera su pistola, con una empu~nadura incrustada y un grabado con la imagen de una, 'unica en su especie, mariposa cubana en el ca~n'on y tom'o la pose de guardaespaldas.

– !Jefe, aqu'i en los arbustos hay una dulce pareja! – se sonri'o un g'anster desdentado. Mirta, en un abrir y cerrar de ojos se orient'o debidamente en la situaci'on y cubr'ia de besos a Fidel. Sea como sea, no dir'iamos que 'el intentaba oponerse. Al contrario, a los oradores le gusta besarse con las chicas guapas.

– ?Mirta D'iaz? – Batista hizo grandes ojos de la sorpresa – La conozco. Es la sobrina de mi futuro Ministro del Interior. ?Con qui'en est'as?

– Es mi amigo, Fidel. Es el hijo de un latifundista de Bir'an – con un tono suplicante susurraba la chica – no se lo cuente, por favor, a mi t'io y a mi padre.

"Por favor" en sus labios son'o con aire suplicante y servicial. A Fulgencio eso le pareci'o la 'unica y verdadera entonaci'on en este caso concreto. Naturalmente, no se pondr'a a desenmascarar a la jovencita ante el severo padrazo, otra vez exhibir'a la condescendencia, la cual no le costar'a nada.

Giancana perdi'o el inter'es por la pareja descubierta y habi'endose despedido de Lansky y Batista, se dirigi'o a sus apartamentos. Mientras Lansky mostr'o una mayor curiosidad.

– Parece que el joven “perdi'o la palabra” – pic'o este a Fidel – ?Do you have an invitation? 14

El joven permanec'ia callado. Esto pod'ia ser solamente entendido porque 'el no dominaba el ingl'es. La chica suplicaba a Dios que el muchacho no se descubriera. Pero, parec'ia, que de ella ya nada depend'ia. Se acerc'o a Batista corriendo su edec'an jadeante. Probablemente, para reportar algo. Pero al ver a la persona bigotuda, a este le indic'o con el ca~n'on de la “beretta”, expres'andose as'i:

14

Do you have an invitation? – ?Tiene Ud. una invitaci'on? (ingl.)

– !Este es el caudillo de los rebeldes! – 'el quer'ia arrestar a Fidel, pero Batista hizo parar con un gesto a su subordinado ardiente, se aproxim'o muy junto al joven Castro y le susurr'o al o'ido:

– Si es as'i, estoy muy contento de conocer al caudillo.

Fidel segu'ia guardando silencio. Batista una vez m'as lo perfor'o con su mirada, mir'o severamente a Mirta y gui~nando a Lansky, que no comprend'ia ni una palabra en espa~nol, sentenci'o m'as bien para el edec'an:

– Es poco probable que lo diga.

Meyer Lansky esperaba las explicaciones.

– Se~nor Lansky, mi edec'an por todos lados ve a conspiradores ocultos – tom'o del brazo a su protector, apart'andole de Mirta y de su acompa~nante – los hijos de los ricos no son peligrosos para nosotros. En sus cabezas sopla el viento.

– El viento comunista – le corrigi'o Lansky, descontento de que el rebelde haya podido evitar el castigo merecido, como si lo presintiera – en un futuro no lejano habr'a hechos desagradables ligados con este hombre callado. Como si mirara en el agua.

Fidel nunca se reputaba de ser una persona callada, pero Batista, muy seguro de s'i mismo, ni esta vez, ni en las veces posteriores, no apreci'o debidamente al joven robusto, consider'andole un advenedizo torpe, a semejanza de decenas de tales gritones del partido de “ortodoxos”, de la Federaci'on de Estudiantes Universitarios, del as'i denominado “Directorio Revolucionario”. Adem'as, el larguirucho est'upido, sin saberlo, le hizo un gran favor, poniendo de manifiesto a sus socios toda la incapacidad de los presidentes civiles.

* * *

El 10 de marzo de 1952, Batista, vali'endose del dinero de Lansky y Giancana, dio un golpe de estado. El pueblo estaba en shock, el presidente leg'itimo huy'o a los EE.UU., aunque el putch ven'ia revel'andose en los medios. Pero Batista, justificando ante los norteamericanos la reputaci'on de una persona de acci'on, de “mano fuerte”, cerr'o los peri'odicos “Hoy” y “La palabra”, las revistas “Mella” y “La 'ultima hora”. La gente de Fulgencio llev'o a cabo un ataque al programa televisivo “Universidad en el aire”. Lo destruyeron y golpearon cruelmente a los corresponsales. Para que sea completo el acto, este suspendi'o una transmisi'on de TV – absolutamente inofensiva, que no ser'ia clasificada como neutral, sino contemplativa – “Ante la prensa”. Fue hecho por si las moscas.

La prensa norteamericana, llevada de la mano de Lansky y las familias neoyorquinas, justificaba la actividad del dictador, lig'andola a la necesidad de organizar una severa resistencia a la difusi'on de la peste comunista. La guerra fr'ia se hallaba en pleno apogeo y favorec'ia a la pol'itica de Batista y de la mafia. Se estableci'o una dictadura.

Fidel result'o que se hallaba en la c'arcel tras el intento fracasado del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. A ciento treinta y cinco sublevados se le opon'ian dos mil soldados del ej'ercito regular. Decenas de compa~neros de lucha de Fidel fueron asesinados cruelmente por la soldadesca. Qued'o vivo milagrosamente, y tras las rejas esperaba el juicio. El l'ider rechaz'o al abogado. Decidi'o defenderse a s'i mismo.

En las audiencias del asunto №37 de 1953 presid'ia la sesi'on un tribunal extraordinario. Precisamente aqu'i no naci'o un l'ider de una separada banda de insurgentes, sino un pol'itico a escala pancubana. “El Movimiento 26 de julio” se dio a conocer por la boca de su l'ider, como una fuerza real en Cuba. El discurso acusatorio en su defensa, lleno de un enojo justo, maravill'o hasta a los lameculos de Batista y fue acogido con entusiasmo por el pueblo.

El 16 de octubre, en una peque~na sala de una escuela de enfermeras adjunta al hospital “Saturnino Lora”, se celebr'o una farsa judicial sobre Castro. 'El ya hab'ia sobrevivido a dos atentados fallidos en la celda de arresto del municipio, donde lo colocaron en una c'amara individual. Cuando se irgui'o en toda su estatura, llevando una toga descolorida, ante sus acusadores, aquellos comprendieron que en vano le permitieron hablar a Castro. Pero ya era tarde.

Поделиться с друзьями: