90 millas hasta el parai?so
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– ?C'omo es eso? – sin creer a'un en su dicha, pero ya sin llorar grazn'o Eli'an.
– De este modo – continuaba don Pedro, encontrando nuevos argumentos – Pero si t'u no volvieras para agradecerle por haber cumplido tu deseo – eso, s'i, ser'ia malo. Si la persona est'a muy agradecida, pues, esta puede volver hasta cien veces aqu'i. Y a'un m'as, si no se ha definido qu'e es lo m'as importante para ella.
– !Hurra! – Grit'o Eli'an, alegrando de tal forma a Juan Miguel – !Pues, volver – esto no es un deseo!
– Es tu derecho legal – afirm'o Pedro.
…Antes de que pusiera rumbo al oeste, don Pedro ech'o el ancla cerca de un faro. El sol iba poni'endose, hab'ia una plena bonanza, y los amigos decidieron refrescarse. El t'io Pedro tom'o un salvavidas de la caseta de tim'on y lo tir'o bastante lejos al agua. – Yo tambi'en quiero nadar – balbuce'o lastimosamente Eliancito.
Ya hab'ia ca'ido la noche.
– A los ni~nos les est'a prohibido ba~narse en alta mar – se lo prohibi'o el padre, y salt'o al agua. El siguiente en lanzarse de a bordo fue el t'io Pedro.
Este largo rato estuvo sumergido en el mar, solamente al cabo de unos minutos se vio aparecer su cabeza calva sobre la superficie del agua. Juan Miguel cubri'o unas cincuenta yardas a estilo libre, y luego ven'ia nadando atr'as, vali'endose del estilo braza. Apoy'o las manos en la lancha y quiso empujarse de ella para ver c'omo ser'ia su estilo mariposa, pero unos brotecitos de alarma surgieron en su subconsciencia. A bordo reinaba un silencio sospechoso. Eliancito no emit'ia ni un sonido. Es que no pudo ofenderse hasta tal grado…
– !Eli'an! – llam'o el padre.
Silencio en respuesta.
– !Eliancito! – Grit'o en voz alta Juan Miguel – !No bromees as'i!
Nada se oy'o. Ni una palabra.
– !Juan Miguel! !Est'a a veinte yardas tras la popa! !R'apido! – las palabras proven'ian de atr'as. Lo dec'ia a grito pelado Pedro, el cual advirti'o al ni~no en el agua y este se agitaba desesperadamente. El salvavidas ya iba volando en esa direcci'on y cay'o unas diez yardas m'as lejos del chiquit'in. Eliancito lo vio caer, pero ya no estaba en condiciones de seguir a nado hasta ese lugar. Se ahogaba y, adem'as, no pronunciaba ni un sonido.
El padre se precipit'o en ayuda del hijo. Entre 'el y el peque hab'ia unas treinta yardas y… el salvavidas. La distancia iba disminuyendo. Pero las fuerzas de Eli'an se agotaron completamente… El corazoncito traqueteaba como una ametralladora que ronca. La pierna derecha estaba acalambrada. Y pap'a no estaba a su lado…
En ese momento, de repente, no se sabe de d'onde, emergi'o el salvavidas. 'El lleg'o solo hasta all'i. Quedaba solamente agarrarse a 'el. As'i lo hizo Eli'an. Todo… Est'a fuera de peligro. Fue su padre el cual, con todas las fuerzas disponibles, hizo impulsar hacia el ni~no el salvavidas y este en unos instantes estaba al lado del ni~no. Luego se aproxim'o nadando Juan Miguel y lo llev'o tirando con el salvavidas hacia la lancha. Estando ya a bordo, el padre lo abrazaba, lo besaba, lo secaba con una toalla, repitiendo:
– Querido m'io, hijito m'io…
El t'io Pedro con gran aplicaci'on se puso a arrancar el motor, gimiendo y blasfemando.
– Perd'oname, por favor, ti'ito – resoplaba por la nariz el chicuelo ya recobrado del choque.
Pero el padre, parece, no le guardaba rencor. A cambio, le acariciaba la cabeza y se reprochaba de lo ocurrido:
– ?Por qu'e pas'o eso? – No me lo habr'ia perdonado… Si…
“Es extra~no – pens'o en ese momento el golfillo – Pap'a, posiblemente, me castigar'a despu'es por la desobediencia.”
– !Travieso! – refunfu~n'o por entre los bigotes el t'io Pedro, poniendo el rumbo al oeste. Eli'an ya echaba de menos a su mam'a, a las abuelas Raquel y Mariel, a C'ardenas con sus casas de varios colores y las calles asfaltadas, llenas de carruajes con tracci'on equina, los ciclistas que giran las miradas despreocupadamente y la chiquillada intranquila. Hacia la noche las olas crecieron mucho y, mirando la nube que se avecinaba, pap'a tom'o la decisi'on de pernoctar en la casa de Pedro:
– No se puede bromear con el oc'eano, especialmente, cuando te advierte la posibilidad de haber mal tiempo y la aproximaci'on de una posible tormenta. Llegaremos a C'ardenas ma~nana.
“Qu'e d'ia magn'ifico ha sido. Espero que pap'a no se haya ofendido y obligatoriamente volveremos juntos…”
…Habiendo salido al patio de su modesta vivienda, Juan Miguel aspir'o a pleno pecho el aire fresco y, echando una mirada al embate de colores celestes, qued'o entusiasmado de lo visto. Hoy es un d'ia hermoso. Justamente como para volver a visitar inesperadamente al buceador Pedro.
Al otro lado de la calle 'el advirti'o la figura corpulenta de do~na Marta. Juan Miguel le grit'o: “Buenos d'ias”. La mujer casi no reaccion'o al saludo del vecino, haciendo una leve inclinaci'on de cabeza, pas'o r'apidamente a la puerta de su casucha. La se~nora ya antes no expresaba el deseo de conversar, por eso a Juan Miguel no le sorprendi'o nada esa rareza en su conducta. 'El tambi'en volvi'o a casa para llevarle a la cama el caf'e con bocadillos a Elizabeth. Se le olvid'o que estaban oficialmente divorciados. Es que 'el tiene a Nersy, y Eliz tambi'en, seguramente, tiene a alguien. Que sea feliz con el otro, ya que entre ellos no hubo nada…
Ambos dorm'ian – dos personas queridas por 'el. ?Podr'a haber algo m'as valioso en todo el mundo? Aqu'i est'a el hijo, su vida y felicidad para el padre. Y all'i Eliz, la mejor mujer de C'ardenas. Mejor dicho, de todo el municipio de Varadero, y, quiz'as, de toda la provincia de Matanzas. 'El la tiene a ella, una mujer con la cual est'a divorciado. Y nada podr'as hacer. Nunca ser'a como antes. En sus relaciones desapareci'o el sexo, pero qued'o el amor. Eso ocurre entre las personas…
'El respeta sus opiniones. Cree en ella y por eso siempre fue fiel con Eliz. Cierta vez le confes'o su adulterio. Probablemente, fue algo est'upido e injusto respecto a ella. As'i se lo dijeron un'animemente los amigos… Se divorciaron, pero no se separaron. Puede ser que pronto y vivir'an separadamente, pero, acaso, podr'an estar largo tiempo sin verse el uno al otro. S'i, habr'a que acostumbrarse a esta idea y aceptar lo inminente, no existe m'as una muy plena y completa familia. Hay solamente unos buenos recuerdos y un vac'io. Este que ha de ser llenado con la vida futura. Solamente este nicho no deber'ia ser ocupado por la vanidad, la que siempre est'a tirando a expulsar lo m'as valioso que hay en la vida, el amor verdadero.
No quisiera uno pensar en lo amargo. No pod'ia encontrar una soluci'on, creyendo que el tiempo se lo dir'ia, c'omo deb'ia actuar. Todo se arreglar'ia. No pudo hacerla feliz. Sigue queri'endola, aunque tiene relaci'on con otra mujer. Aqu'i est'a su contradicci'on. Su cruz que la lleva a cuestas. Ama a una, pero quiere con ardor a la otra. La ama, porque son almas gemelas; compart'ian sus sue~nos en una cama. La quiere, por el hecho de que ella dio a luz a Eli'an…
!Eh, lev'antate, dormil'on! T'u mismo me pediste que te despertara m'as temprano. ?O te has olvidado que deber'iamos ir a Camag"uey?