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ЖАНРЫ

90 millas hasta el parai?so
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– Robar es lo m'as f'acil y menos peligroso – como si lo estuviera viendo Yoslaine, la cual sol'ia ratear a los clientes.

Esto son minucias – iba expansion'andose el pobre hombre de negocios, estando ya bien mamado – voy a tener una flotilla entera que se dedicara al traslado ilegal de los cubanos a Miami. Ni siquiera voy a surcar las aguas del golfo de Florida. Solamente acanchar'e buques, contratar'e equipos y recoger'e dinero de los ricachones norteamericanos por el traslado desde Cuba de sus desdichados parientes.

– ?No tienes miedo? Es que soy miembro del Comit'e de Defensa de la Revoluci'on – la chica no se sorprendi'o ni un 'apice al o'ir los grandiosos planes de L'azaro, pero, como de costumbre, no los tom'o en serio…

… En realidad no hab'ia nada que pudiera asombrar a uno con tales proyectos. El embargo y las limitaciones de visas de Estados Unidos para los cubanos hac'ian imposible el tr'afico legal al “para'iso” a tales personas como L'azaro Mu~nero.

En primer lugar, a tales tipos nunca les dejar'ian pasar “los suyos” – Fidel Castro dispon'ia de su propia lista para casos de esta 'indole. En segundo lugar, no quer'ian admitir a tal categor'ia de refugiados en el otro lado del mar – !a quien le hace falta un individuo con reputaci'on de criminal!

Sin embargo, los norteamericanos no hab'ian tomado en consideraci'on algo muy importante. Hasta, mejor dicho, no contaron la cantidad de aspirantes, los cuales saltar'ian a chorros al “pa'is de las mil maravillas”, si el t'io Sam abre las compuertas. Aunque no sean oficiales. Pero, naturalmente, nadie en Norteam'erica empanzada pudo prever la reacci'on del Comandante a la acogida cordial de los estadounidenses a los migrantes ilegales, provenientes de su Isla. En el a~no 80, se registr'o algo extraordinario – “como piedra ca'ida del cielo”, – cuyo nombre es “Mariel” …

Actuando en el cauce de su pol'itica de descreditar el r'egimen dictatorial de Castro, y flirteando con la di'aspora cubana de Florida, que iba cobrando fuerza, los yanquis recib'ian con los brazos abiertos a todos los fugitivos de Cuba. A todos, los que lograban alcanzar las costas ilegalmente, en barcazas robadas, peque~nas improvisadas embarcaciones, en balsas, botes, lanchas destartaladas y yates rechinantes, hasta en los aviones de pasajeros, tomados por la fuerza.

Aquellos, a los que antes les negaban las visas en los propios EE.UU., comprendieron que obtendr'ian lo deseado, si iban a empu~nar las delincuencias so pretexto especioso de heterodoxia. A los que pisaron la costa disfrutable de Florida, ciudadanos de Cuba, inmediatamente los sub'ian hasta las nubes como refugiados pol'iticos, les conced'ian cartas de ciudadan'ia, trabajo y subvenciones.

Ah'i es cuando sucedi'o un caso imprevisto. La finalidad de mostrar a todos los norteamericanos, que el socialismo es el mal m'as all'a de los l'imites, que de este todos huyen, ligada a una idea fija de hacer una mala jugada a Fidel personalmente – todo esto en conjunto fracas'o. Fidel abri'o el puerto Mariel para todos los aspirantes a abandonar la isla. En total hubo 125 mil personas…

A Florida se precipitaron todos los que tomaban por asalto las embajadas extranjeras, abrigando la esperanza de acelerar su partida de la Isla de la Libertad al continente norteamericano, ya que este era el sue~no de ellos. La mayor'ia de estos no sab'ia que tendr'ia por delante so~nar con una suerte mejor, fregando los pisos y lavando los platos a los nuevos due~nos. Iban a hablar de la Libertad sin haberla conocido y perdi'endola para siempre. En efecto es libre solamente el que se siente libre dondequiera. No se sent'ian libres en su patria, los EE.UU., mientras tanto, te daban una oportunidad, pero no a todos. Pero dif'icilmente, en la categor'ia de selectos figuraban los que nunca habr'ian evaluado la libertad, ya que no la habr'ian comprendido. Los que de manera incondicional la aceptar'ian perdiendo la libertad por “un tarro de mermelada y una cesta de galletas”.

Junto con los disidentes, a los m'as escarceadores de ellos con motivo de este caso hasta los soltaron de los manicomios, Castro embarc'o en las barcazas a miles de criminales, a los que se cans'o de alimentar en sus c'arceles.

Las autoridades de inmigraci'on se llevaron las manos a la cabeza, pero ya era tarde. La descomunal marea que trajo la escoria inund'o las calles de Miami, complet'o las filas de los pordioseros y los marginales, y al mismo tiempo las bandas callejeras, las corporaciones de asesinos y los sindicatos de narcotraficantes. Solo los hermanos Castro habr'ian podido meter en un pu~no a los g'ansteres cubanos.

Miami se hizo el cielo en rejas para los bandidos ambiciosos de origen cubano en muchos casos, pero ya en una c'arcel del T'io Sam, o una necr'opolis. Para algunos este lugar se convirti'o inicialmente en un trampol'in para una r'apida ascensi'on a los superiores eslabones de la jerarqu'ia criminal, y solamente despu'es se hizo necr'opolis. El final, en esta ocasi'on, ya lo tienes dise~nado y vaticinado, como el fin de la pel'icula hollywoodense “El precio del poder” con Al Pacino, siendo este el capo de la droga Tony Montana, que no reconoci'o bajo la influencia de la coca'ina su mortalidad propia, hasta habi'endose ido al otro mundo.

Como resultado, los senadores y congresistas, los que cabildean los intereses de los oligarcas y latifundistas que perdieron sus bienes en Cuba, no pudieron hacer la mala jugada a Castro. Y, entonces, con pocas ganas, anunciaron un armisticio temporal, aumentando la cuota de visas. Se redujo la cantidad de migrantes ilegales. Pero hasta cierto tiempo. La paz entre la Cuba socialista y el pilar del mundo libre, Estados Unidos, como tal no pod'ia existir. El embargo no ha finalizado. Ven'ian turn'andose las generaciones de cubanos en condiciones de un embargo incesante. Las numerosas sanciones econ'omicas hac'ian endurecer al pueblo, formaba en la gente la diligencia y la parsimonia, pero al mismo tiempo estas ven'ian creando a nuevos aventureros, dispuestos a aprovechar el d'eficit reinante en el pa'is. L'azaro Mu~nero Garc'ia era uno de ellos. Su “business project”, desde el punto de vista de materializarlo en la vida, no parecer'ia ser utop'ia ni a los residentes habitantes del lujoso Miami, ni a los ciudadanos de Cuba, cansados del realismo socialista, que est'an esperando el “transfer” prohibido a Florida.

Hay que destacar las d'ecadas de la confrontaci'on con la m'as poderosa potencia, reforzaron a Fidel en la tesis de Lenin sobre la posible victoria de una revoluci'on socialista en un solo pa'is. Su esp'iritu, desmoralizado por haberse desmoronado el pa'is de los Soviets, se afianz'o a fines de los a~nos noventa al adquirir un nuevo aliado en la persona del formidable Ch'avez. Lo que significaba que la guerra continuaba.

Los norteamericanos se encontraban en un estado de euforia, despu'es de ser destruida la segunda superpotencia, disfrutaban de plena impunidad, lo que significaba menospreciar a sus enemigos. S'i, ellos aprendieron a derrocar reg'imenes indeseables no solamente aplicando la fuerza de una intervenci'on directa, sino hasta vali'endose de revoluciones de colores. Pero no tomaron en consideraci'on que Fidel con el tiempo aprendi'o a adaptarse a nuevos y mejores cambios en el 'ambito pol'itico. Para la revoluci'on cubana, cualquier otra neoliberal era una contrarrevoluci'on – como se ha de portar con “la contra” en Cuba lo sab'ian desde la derrota de los mercenarios, saboteadores y bandidos en la Playa Gir'on y en los macizos monta~nosos del Escambray…

… L'azaro midi'o a Yoslaine con una mirada furiosa, murmurando impulsado por una porci'on sucesiva de ron:

– ?Est'as hablando de que eres miembro del Comit'e? Yo tambi'en soy miembro.

– No lo dudo siquiera – sonri'o la chica. Con el rabillo del ojo advirti'o aproximarse a un gilipolla con una gorra vasca de color verde oliva con una estrellita roja, con bigotes y una barba a lo Che Guevara. En un concurso de dobles, siendo este un pueblecito cualquiera, no tendr'ia ningunas posibilidades de ganar un premio. Pero aqu'i, el estado de embriaguez de “La Rumba”, lo identificaban como h'eroe.

Apenas hubo frotado un segundo el culo sobresaliente de Yoslaine, el imitador de Che le hizo soltar el humo del cigarro y le comunic'o que ella le gustaba mucho:

– !Linda muchacha! !Magn'ifico! !Admirablemente buena! !Soy soltero, soy alegr'ia!

De que ella era guapa, Yoslaine no lo dudaba. No necesitaba de los cumplidos de este “frico”, mientras, que el pseudo Che, que en el momento dado estaba solo, le conven'ia. Se pudo averiguar que 'el, como el 'idolo favorito, es argentino, y est'a residiendo en un hotel de dos estrellas y eso no tiene nada que ver con que el portamonedas est'e vac'io, sino exclusivamente relacionado a la esencia del ascetismo de los guerrilleros.

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